Tipos de acá

Redescubriendo
a Edward Johnston,
tipógrafo (casi) oriental.

 

La cuestión gráfica y tipográfica uruguaya, desde una perspectiva histórico-especulativa, es un tema que, luego de haber sido injustamente arrinconado durante mucho tiempo, en este 2013 está siendo revisado en forma excepcionalmente intensa. Algunas muestras recientes lo han comprobado, entre otras las que siguen abiertas: Del plomo al píxel, curada por Rodolfo Fuentes, e Ilustración y poesía, orquestada por Pablo Thiago Rocca. Mientras el Centro Cultural de España está desarrollando un Mes del Diseño (también gráfico) entre muestras y talleres que dan cuenta del estado actual de su salud, otra pieza del puzle histórico se halla en la Fundación Unión, que hospeda una exposición sobre un titán de la disciplina: el británico, nacido en Uruguay, Edward Johnston. la diaria conversó con Vicente Lamónaca, miembro fundador de la Sociedad Tipográfica de Montevideo, organizadora de la exhibición Edward Johnston, letras con vida, que ya se presentó en varios países. Nos habló del ilustre inglés, de la actividad de su grupo y de la situación latinoamericana en el campo tipográfico.

-¿Quién fue Edward Johnston?
-En el mundo del diseño es una figura de enorme importancia. Dentro de la tipografía -uno de los pilares de la comunicación- tenemos dos áreas: la tipografía y la caligrafía, vale decir respectivamente la escritura mecánica, el diseño de los tipos, ahora digital, y la manual. En un caso se trata de algo predeterminado, porque cuando inventás una tipografía no sabés qué se va a escribir con ella, mientras que en el otro usás ciertas formas, por lo que efectivamente estás escribiendo. En la caligrafía el trabajo de Johnston fue capital, porque alrededor de 1900, armando un curso, se puso a estudiar manuscritos antiguos y descubrió algo que se había olvidado por completo: con qué herramienta y de qué manera se escribía en la Edad Media. El instrumento es la pluma de punta chata, que según el diferente movimiento de la mano produce trazos finos o gruesos. De ahí, Johnston concibió un estilo caligráfico, llamado “fundacional”, muy apto para la didáctica: de hecho, la forma en que se empieza todavía hoy a enseñar caligrafía, en todo el mundo, es a través del “fundacional”. Desde el punto de vista de la tipografía, en 1915-1916 le encargan a Johnston, ya considerado una eminencia en el campo, una tipografía para el sistema de transporte subterráneo de Londres. Inventa una tipografía, llamada Johnston Underground, que se sigue usando hasta el día de hoy. Es una tipografía de palo seco o sans serif, que en aquel momento era mal vista por falta de refinamiento con respecto a la con serif. Pero como la usa el más grande experto de caligrafía clásica, de alguna forma, la legitima. Eso terminó de asentar las tipografías sans serif, que poco después fueron fundamentales para las vanguardias, la escuela suiza y otras experiencias básicas en la historia de la gráfica.

-¿Qué relación tuvo con Uruguay?
-La relación de Johnston con Uruguay es casual. Nació en San José, en una zona que se llama Arazatí, en 1872, y a los tres años se fue con la familia definitivamente del país y no volvió nunca más. Entonces no hay relación propiamente dicha, pero se reconoce que nació acá. Hace cuatro años me comuniqué con la Fundación Johnston, muy tímidamente, diciendo que escribía del país natal de él y que quería establecer un contacto: sorpresivamente me contestaron que estaban muy contentos de relacionarse con Uruguay, donde Johnston había nacido. A esta altura se reconoce oficialmente, porque en algún libro a veces aparecía como escocés. Como es una figura encumbrada de la tipografía y caligrafía a nivel mundial, para algunos de nosotros que nos movemos en estas áreas, es muy significativo que haya nacido acá. Nuestra posición, y en el catálogo de la muestra lo aclaramos, no es una mirada hacia el pasado -en este sentido no se puede decir que Johnston sea uruguayo- sino una mirada hacia el futuro: 
Johnston será uruguayo. Estamos usando como pretexto el dato de que nació acá para difundir la tipografía y la caligrafía a nivel local. Nos permite obtener algunas ventajas a la hora de difundir.

-¿Cómo surgió la idea de la muestra?
-Cuando comenzamos a contactar a gente de Inglaterra para conocer un poco más sobre Johnston, dimos con Ewan Clayton, de la Universidad de Sunderland, quien nos mandó por correo un catálogo de una exposición que él había curado. Cuando recibimos el catálogo impreso le preguntamos sobre la posibilidad de conseguir esas fotografías para imprimirlas y montar la muestra en Uruguay.

-¿Qué peso tuvo la actividad tipográfica en Uruguay, sobre todo en los últimos 100 años?
-Nosotros como Sociedad Tipográfica tenemos un hueco, un vacío, con el período histórico. Los que integramos el grupo arrancamos con la computadora. Hacer una tipografía antes de la computadora implicaba un montón de conocimientos y pericias que nosotros no tenemos. Para bien, para mal, es un hecho. Tenemos algunos datos, por ejemplo sobre el primer gremio, que fue la Sociedad Tipográfica -de ahí viene nuestro nombre- y también fechamos en 1807, con el diario inglés La Estrella de Sur, la entrada de la tipografía al país. Pero todo lo que tiene que ver con una historia documentada es un debe, algo que nos gustaría profundizar. A nivel estrictamente de tipografía, entendida como diseño de letras, desconozco si antes de la segunda mitad del siglo XX se diseñó una tipografía acá, seguramente se compuso y fundió alguna. Creo que no, pero ojalá me equivoque.

-Sos miembro fundador de la Sociedad Tipográfica de Montevideo. ¿Cuándo nació? ¿Qué tipo de actividad desarrolla?
-Nació hace cuatro años. En ese momento éramos José de los Santos, Fernando Díaz, Andrés Takach y yo. Estábamos interesados en el tema y entendíamos que es una materia vertebral del diseño gráfico y que podía ser útil generar algún movimiento que difundiera conocimiento sobre el tema y quizá, con el paso del tiempo, permitiera mejorar un poco la situación de la tipografía en Uruguay. El grupo se fue ampliando, ahora somos 15 y hay otros tantos que quieren formar parte de la Sociedad y estamos en eso. Nos juntamos en reuniones despojadas de cualquier tipo de formalismo. El objetivo es generar instancias que difundan qué es la tipografía, haciéndolo de la forma más horizontal posible, participativa. Hemos hecho numerosas actividades desde 2009: presentaciones de libros, exposiciones, charlas con tipógrafos argentinos, colombianos, etcétera. El cometido es ser operativos.

-¿En qué estado se encuentra la tipografía acá y en qué se diferencia de la de otros continentes?
-La pregunta que sale a menudo es si la tipografía latinoamericana tiene algún rasgo distintivo a nivel formal comparada con otra, y yo diría que no. No es viable hoy individualizar tal o cual aspecto formal “típico”. En historia de la tipografía hay formas que se hallan en particulares escuelas, la holandesa, la alemana, la suiza, la estadounidense, etcétera, y hoy nos seguimos remitiendo a esas escuelas. Lo que sí se puede reconocer es una característica conceptual, que viene dada por el hecho de que entramos tarde en el oficio: se diseñan letras, en Occidente, desde 1455 con Gutenberg. Vale decir, más de cinco siglos. Latinoamérica tiene unos 20-25 años trabajando en eso, básicamente, como decía antes, gracias a la computadora. Esa tardanza obligó a que se hicieran muchas cosas en poco tiempo, lo cual llevó a mucha libertad de mezclas de escuelas diferentes. En América Latina por ejemplo, se dan muchos casos de “multiestilo”. Si normalmente en una familia tipográfica tenés diferentes versiones que sólo cambian el grosor y la condensación de las letras -light, black, expandida, condensada- en una familia multiestilo cada “peso” remite a distintas escuelas. Eso nace de una falta de tradición, del ser desprejuiciados por no tener una trayectoria larga, que de repente te permite hacer algo más novedoso que en los países europeos.

-¿Y en cuanto a la vitalidad?
-Quizá Latinoamérica sea el lugar que más produce a nivel tipográfico en este momento. Hasta hace diez años en Uruguay no había nada. Eso nos permitió poder cometer errores, errores sanos. Hace 50 años, en Holanda, para diseñar una tipografía uno tenía que hacerlo con mucho cuidado y respeto, porque atrás tenía 450 años de excelencia. En Uruguay y en el continente en general, hace unos años uno podía dibujar una tipografía apenas decente y su valor era el origen, tenía licencia de que no fuera perfecta: era un hecho cultural nuevo. Eso permitió hacer mucho, y la cosa creció enormemente. En la enseñanza también hay interés: básicamente en todas las carreras de diseño gráfico de la región hay cursos de tipografía y hay posgrado de tipografía en Chile, México, Argentina, Brasil y ahora estamos tratando de generar uno acá. Se ha saldado la distancia que había con Europa o Estados Unidos: hace 20 años todas las publicaciones uruguayas usaban letras de ahí, ahora ya no, hay muchas que emplean tipografías uruguayas.

 

Entrevista publicada en la diaria por Riccardo Boglione