Diseño de signos

 

La Tipografía es la disciplina relativa al diseño de signos para la reproducción de la escritura en forma masiva. También el producto concreto de ella, es decir, un sistema –mecanizado o digitalizado– específico de signos utilizados para escribir.

La mayoría de las tipografías apuntan en alguna medida a la legibilidad; es decir al grado en que la secuencia de letras es interpretable bajo determinadas situaciones, por ejemplo: tipos de soporte (distintas calidades de papel, tipologías de pantalla), condiciones ambientales (distancia, movimiento, calidad lumínica), situaciones de lectura (inmersiva, enciclopédica, de urgencia), etcétera. Todos elementos que el tipógrafo puede considerar dentro de la órbita de lo práctico, lo funcional, lo concreto. Condiciones de alguna manera medibles. Se puede diseñar una tipografía que tenga un desempeño óptimo en uno o varios de los posibles cócteles situacionales.

Como rama del diseño la Tipografía tiene una particularidad que la distancia de otras, y es que su creador –el tipógrafo– no será quien configure en última instancia el mensaje expresado mediante ella, tarea que recaerá generalmente en el diseñador, en el artista, o en el usuario. Esta característica la ubica en un terreno creativo un tanto difuso: a medio camino entre lo funcional y lo abstracto, entre lo práctico y lo estético.

Si bien posee un poderosísimo valor comunicacional intrínseco, no puede escapar, de ninguna manera, a su cometido histórico: representar el habla. Y es esta función básica la que atenta de alguna manera contra el concepto de creador-autor. Es la superposición de capas en el mensaje –la del diseñador sobre la del tipógrafo– la que diluye o disimula en parte (transfigura al menos) los valores puros, brutos, originales, de la forma tipográfica en favor de los valores comunicacionales, principalmente fonéticos.

El tipógrafo no puede determinar, con igual grado de certeza que al crear una tipografía, la configuración visual final de un mensaje, aunque es –en parte– producto del uso de su creación: no sabe de antemano qué se va a escribir con su tipografía. Apenas podría influenciar medianamente sobre las coordenadas de uso para un determinado idioma (pero una tipografía diseñada para el castellano tiene, por ejemplo, todo lo necesario –grosso modo– también para el idioma inglés).

Más que una obra concluida, el tipógrafo presenta una materia prima para que otro genere comunicación, propicie reflexión, proponga o disuada comportamientos, o lo que fuere que defina el otro, distinto del tipógrafo.

 

 

Artículo completo publicado originalmente en Arte El País